Comprando minutos electorales

30 octubre 2008

El candidato a la presidencia de los EE.UU. Barack Obama se ha comprado media hora de televisión en las principales cadenas de su país y allí lo consideran tan normal. Algo parecido en nuestro territorio sería escandaloso, puesto que llevaría a quién más tiene a presentarse ante los ciudadanos durante los minutos de máxima audiencia, mientras que otros con menos posibles no tendrían esa oportunidad. En realidad el agravio comparativo es el mismo en EE.UU. que en España, solo que allí las leyes electorales lo permiten y aquí no, desde la primera ley que impide que los partidos políticos se financien con capitales privados.

Y creo que tenemos que alegrarnos de una cosa así, pues supongamos, sólo por un momento, que los políticos españoles pudieran andar comprando minutos de televisión a voluntad para emitir sus soflamas electoralistas en tiempos de elecciones ¡que horror! Por una parte tendríamos a las cadenas luchando por darle mayor espacio a mejor precio al político de turno que les ha dado mayores y mejores beneficios para instalarse en la parrilla, mientras que otras estarían haciendo números para ver a quién le dan ese espacio por el que unos y otros pujan sin comprometer su imparcialidad frente a los espectadores, o asegurarse que las productoras de turno van a seguir vendiéndoles sus series después por haber apoyado a sus amigos… porque, reconozcámoslo, política y entretenimiento en este país ya se supone que están muy realcionados sin necesidad de comprar minutos de televisión, imagináos lo que ocurriría si los minutos televisivos fueran libres para ser comprados por los líderes del hemiciclo.

Así pues ¡viva la ley electoral que nos protege de estas y otras cuestiones parecidas!

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  1. 2 comentarios en “Comprando minutos electorales”

  2. 1. Por hip hip | 30 octubre 2008 - 9:15 pm

    hurra!

  3. 2. Por Manuel Delgado | 31 octubre 2008 - 5:52 pm

    Me temo que en esto no estaremos nunca de acuerdo. Prefiero una legislación como la americana, que obliga a los candidatos a buscarse las habichuelas, y más desde que las donaciones están limitadas a unos pocos miles de dólares por campaña.

    Aquí, en tiempo de campaña, sufrimos la más espantosa publicidad electoral de forma obligatoria y, para colmo, pagada de nuestro bolsillo, queramos o no. Además, la duración de la campaña electoral española está tasada y nada impide a ningún partido dedicar las cuotas de sus afiliados a comprar minutos de televisión un día antes de la campaña (por ejemplo), del mismo modo que nada impide que, de forma sutil o descarada, las televisiones devuelvan a los políticos los favores prestados.

    Creo que, en términos netos, salimos perdiendo.

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