Con esta frase podrían resumirse los ocho minutos de duración de este corto, presentado en el Festival de Sundance del año 2002, en el que se vuelve sobre la tan traida y llevada idea de que Epi y Blas compartían algo más que protagonismo en Barrio Sésamo.
Lejos de ser un pieza divertida, el corto analiza el drama de los protagonistas al ser conscientes de que su vida nunca volverá a ser como antes, su secreto no solo ha sido revelado a la prensa sino a si mismos. Tras el éxito cosechado...