Toda mi infancia sufriendo porque el abuelito no quería a Heidi o porque la señorita Rottenmeier era una auténtica bruja y nunca me plantee que lo peor que podía pasarle a la heroina de mis primeros años era caerse desde lo más alto de su inmenso columpio que, según leo en Microsiervos, tenía más de 20 metros de longitud.