Pagado, la palabra que no debes pasar por alto en esta iniciativa

16 mayo 2012

Pablo Herreros vuelve a remover las conciencias de los ciudadanos con su campaña No más crimen pagado en TV, una iniciativa que a través de Change.org (antes Actuable) pide a las cadenas de televisión que se comprometan a no pagar a criminales por contar sus fechorías en los distintos programas de actualidad presentes en sus parrillas. Muchos no lo entenderán así, pero esta campaña no va contra un determinado canal de televisión, aunque la relevancia de su impulsor haya venido dada por una propuesta concreta contra un canal, sino que es una campaña a favor de una manera diferente de hacer las cosas. Ni siquiera va contra un determinado tipo de entrevistas, que pueden repugnar a algunos e incluso ser moralmente despreciadas por otros, no, solo va contra la manera en la que esas entrevistas se consiguen: pagando al criminal.

Personalmente, soy defensora a ultranza de que las televisiones hagan lo que les de la gana siempre y cuando no sea ilegal y, si bien es cierto que pagar a un criminal por contar su historia en televisión no es un delito, me parece un acto terrible de insolidaridad con las víctimas por parte de la cadena que lo entrevista y de cara dura por parte del propio criminal. Realmente, me parecería igual de despreciable que lo hiciera sin cobrar, como me parece que lo hagan otros tantos delincuentes que campan a sus anchas por las televisiones pero, si al menos podemos evitar que saquen un beneficio de ello en aras de preservar la libertad de expresión, bienvenido sea. No es algo ilegal, no creo que debamos criminalizar a las televisiones por ello, pero sí estoy más cómoda en una sociedad en la que esto no ocurre, aunque sea legal.

La iniciativa de Pablo hace referencia al mundo del periodismo, pero se centra únicamente en la televisión, como bien explica él mismo, para acotar el terreno de lo que quiere cambiar y sumar así mayor número de adeptos, evitando que muchos dejen de sumarse por no estar de acuerdo con todas las premisas planteadas. En este sentido, el apartado preguntas frecuentes de su iniciativa hace referencia precisamente a una de las generalidades que yo más echo en falta, que he comentado directamente con él en varias ocasiones y que aquí debo hacer constar de nuevo: creo que la petición pone el foco sobre un medio, cuando el problema es de la profesión y de la sociedad en general. Creo que se señala injustamente a la televisión como un ejemplo de mal gusto, de malas prácticas, de poca ética, cuando estoy convencida de que desde otros medios se hace lo mismo o incluso peor, amparándose en una cierta superioridad moral de la prensa escrita, por ejemplo, frente a la televisiva.

Me parece bien que se pida a las televisiones que se sumen a un compromiso común a favor de un comportamiento más humano, más cercano y solidario con las víctimas, pero ha de ser un compromiso voluntario. Efectivamente, la autorregulación ha fracasado en muchas ocasiones, podemos verlo casi todos los días, pero eso no debe servir, desde mi punto de vista, para legislar y restringir una determinada práctica solo en los medios televisivos. Si las televisiones no saben hacerlo, habrá que mostrar nuestro rechazo apagando el televisor, invocando a la responsabilidad de los anunciantes o como buenamente podamos, en este sentido, totalmente a favor, pero nunca en detrimento exclusivo del audiovisual. El medio no es el problema, son sus profesionales, que en no pocas ocasiones compaginan sus tareas en prensa, radio y televisión, es la educación de los espectadores y la ausencia de responsabilidad por parte de quienes financian toda la fiesta. Aquí nadie se salva, todos somos responsables y todos podemos dar los pasos necesarios para cambiarlo, mostrar nuestro más absoluto rechazo es el primer paso, pero sin demonizar a la televisión, cuyo principal pecado es haber conseguido conquistar al ciudadano de una forma más masiva y menos reflexiva que otros medios.

Por último, como digo en el título de esta entrada, no olvidemos lo principal de la iniciativa, que solo se busca evitar el pago por hablar de los delitos, nunca coartar la libertad de expresión de nadie, un derecho que no debería depender del tamaño del cheque que nos pongan delante.

 

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Adiós Mujeres Desesperadas

15 mayo 2012

Ya os he comentado muchas veces cuanto me apena esta época del año seriéfila en que las temporadas van terminando y una no sabe si seguir viendo los episodios a ritmo americano o dejarlos guardaditos para que no se le acaben. Este año la cosa es aún más triste, pues dos de las series que de algún modo nacieron con el blog, House y Mujeres Desesperadas, terminan para siempre, algo que ya estaban necesitando, pero que dan por cerrada una época de mi vida bloguera que siempre recordaré con nostalgia.

La primera de ellas, Mujeres Desesperadas, cerraba el domingo sus ocho años de andadura costumbrista en la cadena ABC y en el corazón de muchos de nosotros, que hemos disfrutado de la vida de un barrio acomodado norteamericano, de esos de casas prefabricadas pintadas de alegres colores, con impresionantes glicinias que casi transmitían su olor a través de la pantalla y con infinidad de secretos, misterios y no pocos crímenes violentos que nunca hubiéramos imaginado posibles en un tranquilo rincón de una desconocida localidad americana. Si en algún momento nos hubieran contado las historias truculentas que planeaban escenificar en estas ocho temporadas, estoy segura de que hubieran sido muy pocos los convencidos del éxito de la serie, con esa mezcla imposible de costumbrismo y exageración, de normalidad y cúmulo inverosímil de desgracias. Sin embargo, ahí estuvo, fuerte durante años y fiel a sí misma hasta el final.

Las mujeres de Wisteria Lane han logrado además ser iconos televisivos en un tiempo en el que los papeles femeninos han brillado cada vez más, en una de las mejores épocas para ser actriz de televisión, con numerosos papeles fuertes, lucidos, brillantes, sólidos. En este caso además, la coralidad ha sido tan equilibrada, que era difícil nominar a una sola cuando tocaba elegir candidatas y todos hemos sido conscientes de la importancia del conjunto a la hora de resaltar una sola de las interpretaciones.

Pese a todo, yo me quedo con dos de ellas: Lynette y Gabrielle, en mi opinión, las más humanas y completas, las más reales, con sus contradicciones y sus miedos. Puede que muchos solo recuerden a Gabrielle como la ex-modelo pija que solo piensa en sus modelitos y en el dinero pero, para mí, quedarán en el recuerdo estas dos escenas dramáticas que lograron traspasar la frialdad aparente de Mrs.Solís

Sobre Lynette, me quedo con esta otra escena, en uno de los mejores episodios de toda la serie, si no el mejor.

Maravillosas escenas para el recuerdo que al buscar para ilustrar el post, revelan otra tantas secuencias maravillosas, llenas de dramatismo y de ternura, como el plantón a Susan o los momentos previos a la operación de Carlos que le devolvería la visión. Porque Mujeres Desesperadas siempre compitió en las categorías de comedia pero, para mí, nunca dejó de ser un drama maravilloso.

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Cuando los comentaristas deportivos no saben callar

14 mayo 2012

¿Qué pasa con los comentaristas televisivos que tienen tanto miedo a dejar la pantalla sin la compañía de su voz? A veces me pregunto ¿les pagarán por palabra? ¿Tendrán la sensación de no estar haciendo bien su trabajo si de pronto callan y dejan que la imagen y los sonidos propios del evento llenen la retransmisión? Salvo los comentaristas de los partidos de tenis, llevados evidentemente por el propio silencio de la pista y las gradas, pocos son los que se atreven a dejarnos sin sus aportaciones, en una especie de ‘horror vacui’ televisivo que se deberían hacer mirar.

Ayer tuvimos otra de estas aportaciones excesivas de los comentaristas, que parecían no tener freno. Tras el final del partido de liga que enfrentaba a Real Madrid y Mallorca, el club tenía organizado un evento festivo en el que se hacía entrega de la copa de esta liga que acababan de ganar. Entre el pitido final del árbitro y el inicio del festejo, las luces del Bernabeu se apagaron y una multitud de colaboradores llenó el césped de elementos decorativos y otros complementos necesarios para el desarrollo del evento, momento que narrador y comentaristas llenaron certeramente con sus palabras, adelantando algo de lo que posteriormente se vería y analizando de qué manera el equipo había llegado allí. Lo habitual en estos casos, no tan sencillo como pueda parecer cuando ya queda poco que aportar y la preparación del acto se alarga hasta la media hora, pero correcto y apropiado.

El problema empieza cuando la celebración se pone en marcha y ellos, que han cogido carrerilla, ya no son capaces de callar y siguen hablando y hablando para no decir nada, rememorando anécdotas que no aportan entretenimiento ni información y que, sin embargo, no permiten escuchar al ‘speaker’ del club que, uno a uno, va nombrando a los jugadores y miembros del equipo técnico, que son coreados por la afición en un espectáculo muy poco televisivo pero lleno de ilusión para quienes siguen al Real Madrid y disfrutan de sus victorias, es decir, para cualquiera que en ese momento aún siga conectado al plomazo que está ofreciendo la tele. Ese es el momento de callarse. De la misma manera que una retransmisión de un partido ha de hacerse en modo informativo, contando con que al otro lado de la pantalla puede haber espectadores de cualquier equipo interesados en el puro deporte y no necesariamente en uno de los equipos o jugadores participantes, es evidente que estas otras conexiones en directo, largas, tediosas, aburridas y arrítmicas, solo pueden aguantarse si lo que quieres es ver aquello que está ocurriendo en el campo, pues no hay apenas nada que narrar y poca información que aportar, luego lo mejor es callarse porque el resto es molestia.

Y si esto no es posible por considerarse poco televisivo, teniendo en cuenta que hoy en día, tenemos todo tipo de facilidades técnicas ¿tan difícil es tener al menos un canal de audio sin comentarios? Del mismo modo que en los partidos que ofrecen los canales autonómicos hay varias bandas en los distintos idiomas o incluso la opción de escuchar la radio cuando ves un partido en Digital Plus ¿qué cuesta dejar el sonido ambiente en uno de estos canales y permitir que el espectador se cree su propia experiencia televisiva?

Y no es solo en el fútbol, estoy segura de que no son pocos los que agradecerían algo así en la Fórmula 1, donde Antonio Lobato tiene tantos seguidores como detractores de su fanatismo y comentarios entusiastas. En este caso, yo soy de las que disfruta con sus aportaciones, pues no sé nada del deporte y solo me preocupa ver ganar a los nuestros o que los más inmediatos rivales tengan un mal día, pero entiendo que haya quién se sienta molesto con una locución hecha para el gran público que no tiene ni idea. Con todos los elementos a nuestro alcance que la doble pantalla proporciona para disfrutar de una carrera plenamente informados, estoy segura de que más de uno estaría feliz de quitarle la voz al calvo Telecinco, perdón La Sexta, ah, no que ahora es Antena 3, bueno a ese… que algo bueno hará que lo quieren en todas partes.

Por favor, canales de televisión: si sus comentaristas no saben cuando callarse a tiempo, dejennos al menos un canal karaoke para poder montarnos la fiesta en casa.

 

 

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Cougar Town podría cambiar de cadena y aquí seguimos esperando a TVE

10 mayo 2012

Las noticias de series americanas cambiando de una cadena a otra demuestran, una vez más, la ventaja en madurez que nos llevan los americanos en esto de la ficción televisiva, la industria del entretenimiento y hasta me atrevería a decir que la escucha activa a los espectadores. Para muchos de ellos, es más que evidente que algunos productos audiovisuales no están hechos para un público masivo, pero tienen una importante masa de seguidores que irían a cualquier sitio con tal de seguir disfrutando de sus personajes y sus historias, independientemente de como se llame el canal que los albergue y así ha ocurrido en algunas ocasiones recientes. Aunque estos cambios de casa no siempre hayan sido un gran éxito, los canales lo siguen intentando y los rumores de cambios de ubicación de algunas series se suceden con más frecuencia que nunca, alimentando el interés de espectadores y cadenas.

El último ejemplo de esta posible supervivencia de una serie gracias a un cambio de canal lo vemos con Cougar Town, una comedia que nunca ha tenido muy claro dónde quería ir, que ha sufrido bandazos de todo tipo y que, con todo su surrealismo y sus litros de vino en el gaznate, ha logrado una buena masa de fans que empujan a TBS a repescarla, ahora que todo apunta a su cancelación en ABC. ¿Por qué deberían dar este paso? En The Week lo explican muy clarito:

Tiene una base de fans apasionados: comparan la fidelidad de los espectadores de Cougar Town a la de los seguidores de Scrubs, capaces de seguir a un tipo vestido con el mismo gorro durante nueve temporadas a pesar del maltrato en la parrilla y posterior cambio de cadena. Es evidente que toda serie tiene su público, pero algunos productos destacan por una fidelidad y conexión con el espectador que va más allá del mero entretenimiento, parece que con esta serie también pasa.

Tiene un reparto igualmente apasionado y comprometido con el proyecto: desde su protagonista y productora Courtney Cox, hasta la reivindicativa Busy Phillips, parece que el elenco de la serie disfruta trabajando en este proyecto y no están dispuesto a ser un elemento de ruptura en sus planes de continuidad. Incluso cuando la cadena ABC mostró una absoluta falta de interés a la hora de promocionar la serie el año pasado, fueron los propios miembros del equipo los que se lanzaron al marketing de guerrilla para hacerse notar, haciendo incluso proyecciones de la serie (¿A alguien le suena conocido este detalle? Vino, autopromoción, preestreno al margen de la cadena…)

La cadena TBS necesita una estrella que la ponga en el mapa: es evidente que algunos de los canales “menores” de la parrilla norteamericana no pueden competir con sus hermanos mayores a la hora de contratar grandes estrellas y sonados proyectos, pero siempre es bueno estar atento a este tipo de jugadas, que pueden reportar grandes beneficios en términos de audiencia y, sobre todo, de marketing y reconocimiento de marca. Casi como si de un equipo de fútbol recién descendido a segunda división se tratara, es hora de echar un vistazo a aquellos jugadores de primera que deben elegir entre seguir en el candelero o desaparecer.

Las audiencias de Cougar Town son insuficientes para un canal en abierto, pero están dentro del rango de éxito de los canales de cable: este argumento es algo tramposo, pues habría que ver si al pasar la serie a un canal de pago, la audiencia se traslada al completo, algo bastante improbable. En cualquier caso, lo que es un hecho es que su rendimiento en ABC es insuficiente y su futuro allí está escrito. Frente a ello, algunos casos que nos vienen rápidamente a la memoria de series españolas, ni siquiera se trata de un problema de audiencia, con series que no parecen tener futuro en sus cadenas (más concretamente en TVE), mientras cosechan datos de escándalo algunas y más que satisfactorios otras.

Por último, la repesca de Cougar Town por dos temporadas de 15 episodios cada una, le proporcionaría a la serie un número suficiente de entregas como para poder ser sindicada, un argumento de inversión más que rentable para un mercado en el que el dinero se mueve en gran medida gracias a este sistema de compra-venta de producciones. Esta peculiaridad no podemos trasladarla al mercado español, pero seguro que se nos ocurre más de un motivo para que Cuéntame, Águila Roja o Gran Reserva no caigan en el olvido por culpa de una mala gestión o una ausencia de gestor.

 

 

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Hospital Central, el triunfo de la constancia

9 mayo 2012

Hoy vuelve Hospital Central a Telecinco, bueno, en realidad vuelve la semana que viene, pero hoy Telecinco emite los dos últimos episodios de la pasada temporada para refrescarnos la memoria y, de paso, rellenar la parrilla del miércoles después del fútbol. Si por azar del destino la final se va a prórroga y penalties, me temo que no va a ver la repesca de episodios ni el tato, pero eso es un riesgo asumible siendo, como decimos, una excusa para ponernos al día antes del estreno de la nueva temporada.

Creo que ya lo hemos comentado por aquí en alguna otra ocasión, pero no está de más recordarlo ahora que el tema de la ficción nacional anda un poco revuelto: la audiencia es muy fiel y no es buena cosa maltratarla porque acabamos perdiéndola y Hospital Central así lo ha demostrado. Constante en sus audiencias durante años, las idas y venidas a las que fue sometida la serie durante un tiempo en un momento crítico en el que más de una decena de temporadas había hecho inevitable mella en algunos de los espectadores, hicieron que parte de la audiencia buscara un entretenimiento más fiable y todo apuntaba a una cancelación inevitable.

Sin embargo, las necesidades de programación y el hecho de tener en el cajón episodios aún sin estrenar hizo que un buen día Telecinco sacara a pasear nuevas entregas de Hospital Central y que las mantuviera en emisión de forma razonable durante unas pocas semanas, que fueron suficientes para recuperar la audiencia perdida, retomar la senda de la estabilidad y reconocer que, no siendo la estrella de la semana, la serie podía aportar al resultado general una garantía que ningún otro programa ofrecía, mucho menos el banco de pruebas en el que podría convertirse de emitir otras cosas.

Y así es como Hospital Central se ganó su sitio, a base de trabajar como una hormiguita, de ser paciente, de ser tal cual lo que se espera de ella y, por supuesto, de estar donde siempre se espera cuando se busca. Yo soy de las que se dio de baja cuando empezaron los cambios, pero no descarto recuperarla ahora que vuelve, esperemos que con el mismo mimo que antes de marchar.

 

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¿Conoces España? Un concurso que no pasará a la historia

8 mayo 2012

¿Qué tienen los concursos que siempre parecen programas antiguos? Me da lo mismo que sea lo nuevo de Ramón García, la repesca de El millonario en La Sexta (por cierto, ya cancelado) o el modernísimo El Cubo en Cuatro, yo veo un concurso en televisión y me suena a entretenimiento clásico, con todas las connotaciones viejunas que el término clásico lleva consigo. Y por supuesto, ¿Conoces España? no ha sido una excepción.

Ya desde su concepción, la cosa olía a naftalina, algo que el grafismo no logró apartar de mi mente y que, una vez visto el plató y la puesta en escena, me reafirma aún más. La sensación general era de concurso baratillo de televisión autonómica, con todos los respetos a los profesionales de estas televisiones que deben hacer encaje de bolillos con lo que tienen o incluso de concurso para colegios, de aquellos que había hace décadas y que buscaban animar a los pequeños al estudio, fomentar la cultura general y hacer estrellas de algunos marisabidillos televisivos. Que el presentador sea la voz en off y se presente a sí mismo es síntoma inequívoco del tipo de programa low cost al que nos enfrentamos, hasta él mismo se ríe del asunto en su primera línea de guión frente a cámara.

Ojo, que el programa es correctísimo, técnicamente impecable y Ramón García uno de los presentadores más majetes de la tele, simplemente el formato no es lo que alguien como yo espera ver, o mejor diría, busca ver, cuando pone la tele. Cuestión de gustos, pero nada reprochable.

Otra cosa que hace de este concurso un ejemplo de televisión pasada de moda: algo tan sencillo como el premio por acertar. Que vayan sumando puntos es algo que ya no se lleva en la tele, donde los euros son la moneda de cambio para atrapar a concursantes y audiencia. Esos fajos de dinero que se van sumando e incluso la vuelta de tuerca de partir con una buena cantidad que va restando es síntoma de modernidad desde que el Un, Dos, Tres pusiera a sus azafatas a multiplicar.

Las preguntas de este concurso, destinado a dar a conocer España, no sabría como definirlas de simplonas que son, otro elemento más para hacer de este un concurso de aspecto antiguo, más propio de una época en la que la gente tenía muchas menos facilidades para acceder a la información, la cultura, los viajes, pero hoy en día, yo le pido a la televisión de cultura general que me de otra cosa, otro nivel de profundidad, unos concursantes que brillen como los de Pasapalabra, unas preguntas que pongan a prueba la capacidad de razonar del concursante, algo que me inquiete como espectadora, que me ilustre aunque solo sea por un instante. No es el caso de ¿Conoces España? donde saber la letra del Chiki-Chiki o la ciudad natal de Penélope Cruz da puntos, pero escriben mal el apellido de Vicente Aleixandre.

Al final, los puntos se transforman en segundos y la concursante finalista se lleva a casa 3,500 euros del ala, que no está nada mal para el poco esfuerzo que ha hecho y a otra cosa mariposa.

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Finales y renovaciones

4 mayo 2012

90210: Me entero esta misma mañana de que la han renovado y no puedo evitar pensar ¿por qué? ¿por qué? no puede ser tanta desgracia. Es una de las peores series que veo, de hecho casi ni la veo, es la típica que pongo de acompañamiento cuando quiero que la tele me haga compañía pero no tengo tiempo de prestarle mucha atención. Aún así, los personajes son insoportables y no porque sean niños de papá, sino porque son idiotas, cada uno a su manera. Empecé a verla por rememorar la original y ya seguí con ella por costumbre. Sin embargo, una nueva temporada va a ser que no. Muy interesante tendría que ser el ‘cliffhanger’ final de temporada para que siguiera con ella, porque no da ni para placer culpable.

The Good Wife: repelús me da ponerla siquiera en el mismo post que 90210, pero las cosas a veces surgen así. Es, con mucho, mi serie favorita de todas las que veo, que no son pocas y es además una serie BUENA, con todas las mayúsculas que se puedan poner. Este final de temporada no ha sido tan brillante como otros, ni quiera tan tenso como algunos de los finales de episodio recientes, pero sigue siendo fabulosa. Y no soy yo sola quién lo dice.

Smash: no se ha terminado todavía y no ha sido la serie que todos pensábamos cuando arrancó con su brillante piloto. Sin embargo, a mí me sigue pareciendo estupenda y el avance del doble episodio con que cerrarán la temporada aventura una gran despedida.

Fringe: aún no lo había comentado aquí, pero la renovación de Fringe ha sido una de las mejores noticias del mes, pese a que el anuncio venía acompañado de un cierre de serie con fecha definitiva. Pese a que esto podría parecer triste, no lo es, pues garantiza un final cerrado, perfectamente preparado y, a la vista de lo que ha ido ocurriendo en estos últimos episodios, sabemos que se puede hacer y puede hacerse muy bien. Hay que felicitar a Fox por su obra de caridad, como dice Marina y por su valentía con esta serie, que nunca ha dado grandes audiencias, pero que ha enamorado a mucha gente pese al dificultoso terreno en el que se movía.

Y en España, una de chulitos: dice Mediaset que no ven nada en TVE que merezca la pena comprar para sus canales. ¿Ni siquiera Águila Roja?

Para rematar, un apunte final de algo que, lejos de sonar bien, puede ser un drama: la repesca de Lost. Sí, tal cual suena. Parece que hay rumores sobre la posible reaparición de la serie en la cadena ABC, de forma totalmente ajena a sus creadores originales y sin darse muchos más detalles. Un sacrilegio que, por muy descontentos que quedaran los fans con su manera de despedirse, es una manera casi garantizada de estropearla aún más y una inexplicable apuesta por algo que ni siquiera arrasaba en audiencia o acabó de forma dramática para sus seguidores (más allá del argumento final). De esas cosas incomprensibles que pasan a veces en los despachos.

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Novedades del fin de semana

30 abril 2012

Una muy anunciada y la otra casi de puntillas, una con protagonistas de sobra conocidos y otra con actores de andar por casa, una en antena 3, otra en Telecinco, dos han sido este fin de semana las principales novedades de la parrilla que, definitivamente, no pasarán a la historia.

Usted Perdone supone el regreso de Javier Sardá a la televisión, esta vez en Antena 3, con un programa de entrevistas sin plató que ayer en su estreno tuvo como protagonista a Joan Manuel Serrat. El formato, idéntico al que ya pudimos ver en Dutifri, solo que esta vez las ciudades dejan de ser protagonistas para serlo las personas, pero esa es la única diferencia. Desde la voz en off del propio Sardá que acompaña durante parte del programa, hasta el buen equilibrio entre exteriores e interiores que dotan de ritmo a la narración, el programa es un homenaje a su protagonista, con un repaso a su historia personal y sus amigos. Ameno y correcto, aunque la audiencia no pasó del 8,8% de share, acusando el arrastre que dejaba un Buenafuente que no logra levantar la noche.

Secretos y mentiras es lo nuevo de Telecinco para la sobremesa de los sábados, un formato de realidad-ficción en el que se recrean historias basadas en hechos reales de personas que han visto sus vidas complicarse por culpa de secretos guardados o mentiras mantenidas durante años. Con actores completamente desconocidos que bien podrían salir del mismo casting que los litigantes de De buena ley, el programa es un extraño formato que no sabría definir y que la audiencia siguió de forma irregular, pasando de un 8,7% de share en su primera entrega a un 12,2% en la segunda. Se agradece que Telecinco esté buscando una oferta diferente a las clásicas películas para la sobremesa del fin de semana, aunque no tengo muy claro que este sea el camino.

Estos son los estrenos que vi, pero no fueron los únicos, pues el viernes también traía novedades, en este caso en La Sexta y Antena 3.

La primera se lanzaba al docu-reality con Baby Boom, una visión del mundo de la maternidad cuando está justo en su momento más álgido: el parto. Presentado por Gemma Nierga, las cámaras se adentran en las habitaciones y paritorios de un hospital para acercarnos ese momento casi mágico del parto y las distintas formas de afrontarlo de cada uno. No tuve ocasión de verlo, ni ganas, la verdad, por lo que no puedo opinar de su calidad como programa de televisión. Un 4,9% de la audiencia estuvo pendiente de los nuevos bebés.

Al mismo tiempo, en Antena 3 Carlos Sobera se cambiaba de concurso para presentar Avanti, una manera de renovar el entretenimiento de los viernes con un nuevo formato cuando el anterior aún no se ha quemado del todo que a mí me resulta igualmente aburrido (no soy de concursos), por lo que tampoco le dediqué el tiempo suficiente para analizarlo. La audiencia creció notablemente respecto a la de semanas anteriores, alcanzando un 14,6% de share.

Mientras las cadenas privadas estrenan sus novedades, en La 1, que sigue paralizada por la ausencia de Presidente, podemos ver promos de programas de próxima emisión, desde lo nuevo de Julia Otero, al concurso para conocer España que presentará Ramón García, un formato con olor a naftalina que parece moderno al lado del también anunciado especial Día de la madre presentado por Lolita.

 

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Te quiero, no te quiero

27 abril 2012

Como si de una margarita deshojada se tratara, las series nos provocan a veces sentimientos encontrados. Cuando tenemos la paciencia suficiente para seguir con ellas pese a una mala sensación con el piloto o continuar hasta el final solo por costumbre, no son pocas las ocasiones que nos encontramos con sorpresas y nuestra opinión cambia.

Si tenemos un blog y hemos plasmado en el estas primeras sensaciones que nos provoca un piloto, no son pocas las ocasiones en las que la evolución de la historia nos sorprende llevándonos la contraria y haciendo que nuestra percepción cambie aunque pocas veces tengamos la oportunidad de rectificar, dejando para siempre esa opinión equivocada en la red así que, para no ser excesivamente injusta, voy a repasar algunas de las series recientes sobre las que he tenido un cambio de opinión, o no, en estos últimos tiempos.

Alcatraz: me entusiasmó el piloto. Como conté en su momento, cada vez que las secuencias se iban a negro, me entraban los nervios pensando que se acababa una historia que quería seguir viendo más y más. Sin embargo, la serie se ha ido desinflando terriblemente, las historias episódicas no me interesan lo más mínimo y el arco argumental que las sustenta pierde fuelle en cada episodio. La sigo viendo.

Person of Interest: lo mismito que con Alcatraz, empecé muy interesada en toda la historia y me encantó la puesta en escena y el carisma de los personajes. Sin embargo, no he logrado interesarme lo suficiente como para prestarle atención más allá de lo poco despierta que estoy un domingo a última hora de la noche, que es cuando suelo dedicarle un rato.

Awake: como si estuviera cortada por el mismo patrón que las anteriores, esta no logra engancharme con sus tramas episódicas, aunque en este casi sí logro seguir interesada en la historia personal del protagonista y su “realidad soñada”, una pena que no le dediquen más tiempo.

Scandal: apenas han emitido tres episodios, pero he de reconocer que la malísima imagen que me dio su piloto se ha convertido en un interés shondérrimo por la vida de sus protagonistas. No será un gran hit, pero alimenta el hambre de historias intensa y dramáticamente ñoñas.

The Big C: me encantó su primera temporada, con ese final fabuloso en el garaje, pero ahora, no puedo asegurar que logre completar la tercera temporada, salvo por el hecho de estar en la recta final de las temporadas y la sensación de ‘horror vacui’ que acompaña al mes de mayo. Cathy empieza a resultarme antipática y ya hace tiempo que es de lo más cargante.

Touch: esta ha resultado ser tal cual la sentí en el piloto. Blandita, con posibilidades inciertas y finalmente no desarrolladas como para interesarme por ella. No he pasado del tercer episodio y estoy deseando que la cancelen y le den a Kiefer otro papelón de tipo intenso y duro como merece. Imposible seguir Touch sin esperar verle soltar un par de mamporros en cualquier momento, ansiedad que al final de cada episodio queda insatisfecha y hace que, definitivamente, no funcione.

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Veep, una Vicepresidenta en apuros

26 abril 2012

La verdad, si no fuera porque Canal Plus ha anunciado que empezará a emitir esta serie el próximo 20 de junio, creo que ni se me hubiera pasado por la cabeza ver Veep, por mucho que su protagonista sea la muy laureada Julia Louie-Dreyfuss y sus secundarios una interesante colección de caras más o menos conocidas de la televisión, como Anna Chlumsky, Tony Hale o Matt Walsh. Pero, dado que se ha empezado a hablar de ella por todas partes, incluidos algunos blogs españoles, parecía de obligado visionado y a ello me puse.

La primera sorpresa es encontrarme con que Veep es una comedia. Pese a que su protagonista es habitual del género, no sé por qué no pensaba que se tratara de una comedia, aunque después de ver el episodio completo, tampoco lo tengo claro. Es cierto que las tramas buscan la sonrisa, ridiculizando a los protagonistas y algunas de sus tareas diarias, pero no es una serie de carcajada y ¡gracias HBO! no hay risas enlatadas. Intento recordar si ha habido antes alguna serie norteamericana sobre la Casa Blanca en tono de comedia pero mi mala memoria no encuentra ninguna, al contrario que en la televisión británica, cuya serie The Thick of It inspira esta versión o incluso en nuestra querida televisión nacional, con aquella cosa llamada Moncloa, Dígame. (¿A que ahora a todos os parece que Veep es deliciosa?)

Para quién no esté al tanto del argumento de la serie, Veep es la historia de una Vicepresidenta de EE.UU. (de filiación desconocida) y sus responsabilidades diarias, una Vicepresidenta algo torpe, rodeada de un equipo que tampoco ayuda mucho. En el primer episodio las tareas de gobierno parecen poco importantes para una administración como la americana, pero no me cabe duda de que la alta política a veces debe enfrentarse a ciertas ridiculeces y ahí es donde parece que Veep quiere cosechar historias. Mientras busca su sitio, numerosos referentes a las clásicas conversaciones de pasillo que popularizó El Ala Oeste y que se han convertido desde entonces en sello de cualquier cosa que transcurra en la Casa Blanca.

Para quienes se lo pregunten, el nombre de la serie es un juego de palabras con las iniciales VP (Vice-President), sin mayor significado.

Tengo la mala costumbre de escribir sobre las series cuando solo he visto el primer episodio, una práctica que no es exclusiva de este blog, inevitable casi para quienes hacemos crítica televisiva o comentamos las series y que muchas veces nos conduce a dar una imagen incompleta o equivocada de aquellas producciones de las que hablamos. En ocasiones, encumbramos productos que solo son un bonito piloto y otras defenestramos a quienes, con el tiempo, logran hacer un producto de gran calidad. Es la tiranía del estreno, que a veces no logra traspasar la pantalla ni eclosionar, dejándonos sin saber muy bien qué decir, sin ser capaces de adivinar hacia donde irá la serie, si tiene mimbres de éxito o se desinflará con el final de la primavera. Con Veep pasa exactamente eso, no sabría decir hacia donde va. Las críticas han sido bastante malas en general y, sin embargo, creo atisbar un cierto potencial que solo el tiempo puede hacer brotar.

 

 

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